viernes, abril 4, 2025

Ante la adversidad, dos gotas de Chanel…

Hace unos días, mientras saboreaba un expreso en una terraza —porque las grandes reflexiones siempre ocurren con cafeína de por medio—, mi atención fue secuestrada por la conversación de un grupo de mujeres. No era mi intención escuchar, pero el tono de sus voces convertía aquel encuentro en un podcast en vivo sobre el mercado laboral y su despiadada relación con la edad.

“Paradas de larga duración”, se autodenominaba con una mezcla de resignación y sarcasmo. Mujeres con currículos dignos de enmarcar, pero con una fecha de nacimiento que, según parece, viene con una cláusula de caducidad laboral impresa en letra pequeña.

Después de los cuarenta encontrar un empleo es como lanzarse a la caza del Santo Grial, pero con pocas esperanzas de lograrlo.

Este es un pésimo guión, no nos vendan más que esto es una película de igualdad. ¿Sabes por qué? porque según la OIT, dos de cada tres mujeres enfrentan serias dificultades para reinsertarse en el mercado laboral; da igual que hayan hecho una pausa o no en su carrera.

No es falta de talento, ni de experiencia. Es el pecado imperdonable de haber vivido más de cuatro décadas.

Después de aquel café cargado de realidad, reuní a mis amigas para contrastar lo que mi mente revoltosa ya sospechaba. ¿Cómo puede ser que en un mundo que supuestamente valora la experiencia, nos sintamos como piezas de museo en las oficinas de RR. HH?

La respuesta es un cóctel de prejuicios, sesgos inconscientes y una pizca de cinismo corporativo.

Hemos aprendido a reírnos de situaciones que, en su momento, nos arrancaron lágrimas de desesperación. ¿Cuántas veces nos han dicho “ya te llamaremos” con esa sonrisa profesional que esconde un “nos gustaste, pero no lo suficiente como para ignorar tu edad”? Mientras tanto, nuestro currículum se une a la pila de promesas incumplidas, reposando en una bandeja de salida amarillenta, víctima del archivo eterno.

Lo irónico es que, mientras se nos cierran puertas, la sociedad nos exige seguir sosteniéndolo todo. Históricamente, las mujeres hemos sido el pegamento que mantiene la vida doméstica y profesional en equilibrio, un acto circense de malabarismo que ha permitido el desarrollo de otros mientras relegamos los propios. ¿Cuánto vale el trabajo no remunerado de las mujeres? Según la Oxfam, (una Organización que trabaja para acabar con la injusticia y la pobreza mundial) si se pagara el trabajo de cuidados realizado mayoritariamente por mujeres, representaría el 9% del PIB mundial (producto interno bruto). Pero claro, en la bolsa de valores, el amor y la dedicación no cotizan.

Llegan los temidos “tas” …

Y así llegamos a los temidos “tas” (treintas, cuarentas, cincuentas…), esas décadas que la sociedad insiste en caricaturizar como una cuesta abajo, cuando en realidad son el momento en que muchas alcanzamos nuestra mejor versión.

Más seguras, más sabias, más resilientes. Pero también más invisibles en el mercado laboral. Porque, al parecer, la confianza y la experiencia no lucen tan bien en un currículum como un rostro lozano y una hoja de vida sin interrupciones por maternidades, cuidados o reinvenciones personales.

El humor, por suerte, sigue siendo nuestro mejor aliado. Porque si algo hemos aprendido es que la edad no nos define, pero la actitud sí. Y ante cada rechazo, ante cada puerta cerrada, ante cada “nos encantó tu perfil, pero…”, hay que responder con elegancia.

Chanel número 5 en las muñecas, en tu escote, tacones bien plantados (o zapatillas, mocasines cómodos, según el día) y la certeza de que la experiencia y la inteligencia no envejecen, sino que se refinan.

Así que, querida lectora, si alguna vez sientes que la edad es un obstáculo, recuerda que cada arruga es una medalla de guerra y que, en el arte de la reinvención, nosotras llevamos la delantera. Y si el mundo laboral insiste en darnos la espalda, hagamos lo que mejor sabemos hacer: inventar uno a nuestra medida.

Porque, al final del día, la verdadera pregunta no es si somos demasiado mayores para un puesto, sino si el mundo laboral está lo suficientemente preparado para nosotras.

Y tú, ¿cuántas gotas de Chanel necesitas para conquistar la adversidad?

Con unas gotas de Chanel o sin ellas, espero que vuelvas a perderte entre mis renglones…

¡Hasta el próximo post!

Deja un comentario