A la DGT le da igual la contaminación, lo que no quiere es que se usen los coches: “no podemos permitirnos mover cada día 1.500 kilos de vehículo para transportar a una sola persona”
Una vez más, la Dirección General de Tráfico (DGT) demuestra que su verdadero objetivo no es cuidar el medio ambiente, sino restringir el uso del coche privado. Esta vez, su director Pere Navarro ha dejado claro que conducir solo será un problema, incluso si tu coche es eléctrico o híbrido. ¿La razón? No es la contaminación, sino el «despilfarro energético» de mover un vehículo de más de mil kilos por una sola persona.
La palabra clave aquí no es «ecología», es «control»
La DGT insiste en hacernos creer que esta medida forma parte de una estrategia para reducir las emisiones, pero cuando incluso los coches eléctricos —que no emiten gases contaminantes— entran en la ecuación, el discurso cae por su propio peso. El verdadero trasfondo es una política dirigida a penalizar la movilidad individual, especialmente aquella que no pase por el transporte público o los medios «colectivos» que tanto gustan a las élites políticas.
No es casualidad que esta obsesión por controlar cómo, cuándo y con quién conduces tu coche coincida con una tendencia europea general de acoso al conductor. Mientras los ciudadanos de a pie siguen sufriendo subidas de impuestos, inflación y precariedad, los responsables políticos deciden ahora también cómo debes moverte, como si eso fuera un privilegio y no una necesidad.
La movilidad no es un privilegio, es una necesidad
Lo más indignante es que esta clase de propuestas suelen venir de burócratas que jamás han tenido que coger un coche a las 6 de la mañana para ir a trabajar a 40 kilómetros de su casa porque no hay trenes, ni buses, ni otra opción viable. Desde sus despachos en las grandes ciudades, donde las bicicletas eléctricas y los patinetes son una alternativa real (gracias al dinero de todos), dictan normas que no aplican a la mayoría del país.
Penalizar a quienes conducen solos también ignora otras realidades: personas mayores que no pueden compartir vehículo, trabajadores autónomos que necesitan su coche para desplazarse entre clientes, padres y madres que van con prisa para recoger a sus hijos. ¿Dónde queda la empatía con ellos? ¿Dónde está la lógica de prohibir el uso individual de un coche eléctrico? No se trata de contaminación: se trata de una ideología que demoniza el vehículo privado.
El objetivo es restringir el tráfico sin mejorar el transporte público
Por si fuera poco, nos quieren hacer creer que esto es por nuestro bien. Que nos preocupemos menos por los derechos individuales y más por «lo colectivo». Pero ya hemos visto hacia dónde nos lleva ese discurso: a ciudades donde se restringe el tráfico sin mejorar el transporte público, a medidas recaudatorias disfrazadas de ecologismo y a la criminalización del ciudadano que simplemente quiere llegar a su trabajo sin depender de horarios ajenos.
Lo peor es que la DGT considera viable implantar restricciones similares a las de Francia en España. Pere Navarro insistió en que “no podemos permitirnos mover cada día 1.500 kilos de vehículo para transportar a una sola persona”, argumentando que esta práctica va en contra de las políticas medioambientales impulsadas en toda Europa. Dejando claro que el objetivo no es el conductor ni su bienestar, ni el medioambiente, sino cumplir con los delirios europeos y atacar a la conducción libre e individual. De hecho, afirmó el director de la DGT que “meter a dos personas en cada vehículo debe convertirse en una norma, no en una excepción”.
La DGT ha perdido el norte. En lugar de modernizar la normativa para adaptarse a nuevas tecnologías, facilitar el acceso a vehículos más eficientes o mejorar la educación vial, prefiere seguir la línea del castigo. Primero fueron las Zonas de Bajas Emisiones, luego las multas masivas por velocidad, ahora esto: no conducirás solo porque lo decimos nosotros.
Mientras tanto, las políticas reales que mejorarían el tráfico y la calidad del aire siguen sin aplicarse. Ni se invierte de verdad en transporte público eficaz fuera de las grandes capitales, ni se fomenta la compra de vehículos sostenibles de forma asequible.
Todo se reduce a prohibiciones, multas y más vigilancia
Y no olvidemos el impacto económico que esto podría tener. Menos conductores, menos ventas de coches, más empresas afectadas en el sector automovilístico, más presión sobre las ya colapsadas redes de transporte público. ¿Está la DGT dispuesta a asumir ese coste o simplemente se limitará a multar más?
Es hora de que la sociedad se plante y diga basta. Los ciudadanos tienen derecho a moverse como quieran y necesiten. Las decisiones en materia de tráfico deben basarse en la realidad y no en la ideología. Y si realmente se busca una movilidad más sostenible, debe hacerse desde la libertad, la innovación y el respeto, no desde la imposición y el castigo.
Porque hoy es «conducir solo», mañana será «con qué coche», y pasado quizás «si puedes conducir». La libertad de movilidad no es un lujo, es un derecho. Y hay que defenderlo.